Energía y competitividad: Aragón no puede permitirse esperar

Los nuevos criterios para la estabilidad del sistema eléctrico son necesarios, pero deben aplicarse de manera que no frenen inversiones estratégicas como los centros de datos

Artículo de Pedro Machín, presidente del Clúster de la Energía de Aragón, publicado en Heraldo de Aragón

La reciente decisión de retrasar hasta el mes de mayo la publicación de los mapas de capacidad eléctrica ha vuelto a poner de manifiesto una realidad preocupante para Aragón y, en particular, para el entorno de Zaragoza: proyectos estratégicos vinculados a los centros de datos y a la economía digital siguen sin saber de cuánta energía podrán disponer ni en qué plazos. Y sin esa información básica, la inversión simplemente se paraliza.

Conviene empezar por una idea clara. Las nuevas exigencias técnicas aprobadas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) para el acceso de la demanda a la red eléctrica son necesarias. El sistema eléctrico actual, con una alta penetración de energías renovables, es más complejo y sensible que en el pasado. Para que funcione con seguridad, no basta con producir energía: también es clave cómo se comportan los grandes consumidores.

Aquí entra en juego lo que se conoce como criterio dinámico, un concepto técnico que merece una explicación sencilla. Tradicionalmente, se evaluaba si en un nudo de la red ‘cabían’ más megavatios. Ahora, ademas, se analiza qué ocurre cuando hay una perturbación, como una bajada brusca de tensión. Si grandes consumidores, como centros de datos, se desconectan de golpe o vuelven a conectarse todos a la vez, pueden agravar el problema y poner en riesgo la estabilidad del sistema. El criterio dinámico mide precisamente eso: si la demanda ayuda a estabilizar la red o, por el contrario, la desestabiliza. Este enfoque es razonable.

El problema no es el fondo, sino el contexto en el que se aplica.

En el entorno de Zaragoza, varios concursos de acceso a la demanda acumulan casi dos años de retraso. A esta situación se suma ahora el aplazamiento de la publicación de los mapas de capacidad, decidido apenas dos días antes de la fecha prevista. El resultado es una incertidumbre difícilmente asumible para proyectos que movilizan miles de millones de euros.

El propio operador del sistema ha advertido de que, aplicando estrictamente este nuevo criterio dinámico, hasta el 90 % de los nudos de la red de transporte podrían arrojar capacidad nula. Este dato no debería interpretarse como una condena, sino como una llamada a la acción. La solución no pasa por frenar el desarrollo industrial, sino por exigir que los grandes consumidores se adapten: que soporten mejor las perturbaciones, que recuperen su consumo de forma ordenada y que incorporen soluciones técnicas que refuercen la red.

Eso ya ocurre en otros países como Australia o Estados Unidos. Allí, los centros de datos no son solo grandes consumidores de energía, sino también parte activa de la solución. En España, y en Aragón en particular, ese es el camino correcto, pero requiere algo imprescindible: reglas claras, plazos creíbles y mecanismos transitorios que permitan avanzar mientras se consolidan los nuevos criterios.

Aragón ha hecho los deberes. Tiene energía renovable, ubicación estratégica y voluntad institucional para atraer inversión tecnológica e industrial. Pero la inversión no espera indefinidamente. La estabilidad del sistema eléctrico es irrenunciable, sí, pero también lo es la certidumbre. Compatibilizar ambas no es una op-ción: es una necesidad si queremos seguir siendo competitivos en la nueva economía digital.

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